15.11.11

Dímelo tu.

Para qué.
Para qué sirven los domingos, los pasos estampados en estas baldosas tristes.
Dime para qué atender a las palabras, para qué esperar, contando las migas del mantel.
Para qué mirarte con o sin lágrimas en los ojos, si no puedes ni intuirme.
Dime para qué suspirar si no hay nadie frente a este hilo de aire roto. Para qué sonreír, si la sonrisa se queda en una mueca ciega frente a una pared.
Para qué las botas de saltar charcos, el algodón de azúcar, los edredones de plumas.
Dime para qué. Si no me escuchas ni me ves.
Tal vez no exista… tal vez no existas…

1 comentario:

Elchiado dijo...

llevo muchos días sin dormir. horas invisibles escapando de una pesadilla que siempre me encuentra en el mismo rincón de la cama, sobre los pedazos cuarteados de unos labios que no son mis labios ni se parecen a los tuyos, aunque un atisbo de rojo encendido aún parece brillar desde los filos. no he venido a pedirte una respuesta, no busco nada, hace tiempo que vivo en noviembre y este frío de ahora le queda pequeño a mi piel. pero si queda en mis ojos algún retal de sonrisas, o una breve caricia de brisa marina, te regalo el instante, para que despiertes sin temor a estar lejos o para que puedas dormir cuando cierras los ojos, o para que existas -existamos- aunque nunca dejemos de jugar a no encontrarnos.