Tienes alma de terciopelo e instinto predador. No estoy triste, solo nublada y desconfiada, vigilante, sedienta. Una vez conocí un desconocido al que le di mi corazón, me lo arranqué del pecho y se lo coloqué debajo de la suela de su bota. Luego comenzó la guerra y yo fui mi propia mantis, fagocitandome las entrañas después de copular. Ahora estoy despierta y me gusta susurrarte al oído y respirar junto a tu nuca. Se que pido demasiado, regalame una cajita de olvido, y no me esperes despierto. Llegaré a besar tus párpados cerrados y entraré desde tus pies, abriendo mi pecho como una baraja de naipes para que tus dedos jueguen al filo de mi piel. Disgregaré tu sueño para tenerte por sorpresa y seré juguete y abrigo de terciopelo. Hasta que del todo despiertes habitado con vocación de enredadera. Lameré tus heridas y escaparé. Medusa no tiene corazón.
Para no tener corazón Medusa siente muchas cosas. Quizá es demasiado fácil aparentar no tenerlo o esconderlo en una caja de charol carmesí para hacerlo pasar inadvertido. O quizá sólo es cuestión de ponerle un disfraz; el corazón es amorfo, irregular, siquiera tiene forma de... corazón. Tú y yo podríamos jugar a adivinar de qué viene disfrazado cada noche el corazón del otro porque, ¿te gusta jugar, no? La verdad es que nunca sé quién eres o si eres la que está, te soy sincero. Vienes y vas, como una niña invisible... ya sabes el resto. Respondiendo en algo a lo que has escrito arriba -precioso, como siempre- te contaré que ninguna de las palabras con las que llego a tus ojos podrían competir con el tacto cálido y palpitante de un abrazo... a veces es todo lo que necesitamos y, por desgracia, no tenemos. En los mejores abrazos ninguno de los dos llega a saber nunca quien era el que más deseaba entregarse a otra piel.
No soy de buscar, Febe; soy mas bien como tú: de aparecer y desaparecer, pero con lo justo de magia. Soy de llevar mi realidad interior en un bolsillo estanco, lejos de ojos impertinentes; soy de sentir en silencio y, a veces, de trocar el corazón por mármol para despistar, ¿te suena? Si todos nos parecemos en alguna cosa -aparte de en la muerte- es en nuestra capacidad de sentirnos frágiles.
Me marcho. Y te contradigo. Medusa sí tiene corazón, si no es así... ¿cómo podrá intuir lo sincero y sencillo de todas estas palabras?
Nací y ya enseguida me puse manos a la obra, y comencé a inventarme la historia (todavía no he parado).
No me preguntes mi edad, aun soy joven para
eso, pero suficientemente mayor para saber que algunas veces NO.
Por lo demás he escrito mucho, he publicado poco, he colaborado en fanzines, webs, etc, pero eso si quieres ya lo vas mirando tu.
Hago fotos para que no se me olvide, pinto cuadros para olvidarme, y sigo escribiendo como si no me acordara.
Y entre medias SI, y a veces me subo por las paredes, y tengo una muñeca de nata y coral, y total, yo voy a seguir intentando...
4 sin dormir:
Tienes alma de terciopelo e instinto predador.
No estoy triste, solo nublada y desconfiada, vigilante, sedienta.
Una vez conocí un desconocido al que le di mi corazón, me lo arranqué del pecho y se lo coloqué debajo de la suela de su bota. Luego comenzó la guerra y yo fui mi propia mantis, fagocitandome las entrañas después de copular.
Ahora estoy despierta y me gusta susurrarte al oído y respirar junto a tu nuca.
Se que pido demasiado, regalame una cajita de olvido, y no me esperes despierto.
Llegaré a besar tus párpados cerrados y entraré desde tus pies, abriendo mi pecho como una baraja de naipes para que tus dedos jueguen al filo de mi piel. Disgregaré tu sueño para tenerte por sorpresa y seré juguete y abrigo de terciopelo. Hasta que del todo despiertes habitado con vocación de enredadera.
Lameré tus heridas y escaparé. Medusa no tiene corazón.
Si le dices estas cosas, difícilmente querrá buscarte, ¿no crees?
Y?
Para no tener corazón Medusa siente muchas cosas. Quizá es demasiado fácil aparentar no tenerlo o esconderlo en una caja de charol carmesí para hacerlo pasar inadvertido. O quizá sólo es cuestión de ponerle un disfraz; el corazón es amorfo, irregular, siquiera tiene forma de... corazón. Tú y yo podríamos jugar a adivinar de qué viene disfrazado cada noche el corazón del otro porque, ¿te gusta jugar, no? La verdad es que nunca sé quién eres o si eres la que está, te soy sincero. Vienes y vas, como una niña invisible... ya sabes el resto. Respondiendo en algo a lo que has escrito arriba -precioso, como siempre- te contaré que ninguna de las palabras con las que llego a tus ojos podrían competir con el tacto cálido y palpitante de un abrazo... a veces es todo lo que necesitamos y, por desgracia, no tenemos. En los mejores abrazos ninguno de los dos llega a saber nunca quien era el que más deseaba entregarse a otra piel.
No soy de buscar, Febe; soy mas bien como tú: de aparecer y desaparecer, pero con lo justo de magia. Soy de llevar mi realidad interior en un bolsillo estanco, lejos de ojos impertinentes; soy de sentir en silencio y, a veces, de trocar el corazón por mármol para despistar, ¿te suena? Si todos nos parecemos en alguna cosa -aparte de en la muerte- es en nuestra capacidad de sentirnos frágiles.
Me marcho. Y te contradigo. Medusa sí tiene corazón, si no es así... ¿cómo podrá intuir lo sincero y sencillo de todas estas palabras?
Un beso s/c
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