30.1.07

Y finalmente, anoche abandoné la sala de embarque de algún aeropuerto, ese lugar del que nunca antes había logrado salir, ese espacio justo frente a las puertas por las que siempre te fuiste.
Miré tan solo un momento para atrás, dejé el equipaje de tres años olvidado en el suelo, a propósito, para evitar mas peso, me agarré a su mano diminuta, esa que ahora encierra mi corazón, y me marché.
No quise llorar a pesar del dolor y la extrañeza de un parasiempre ya nunca contigo, ya nunca conmigo, ya nunca nosotros.
Me cansé, demasiado y durante demasiado tiempo. Te marchaste y no volviste. Ahora me toca a mi, porque ya no queda ni un solo motivo, ni siquiera los inventados. Si me hubieses querido, aunque hubiese sido tan solo una vez, una fracción de segundo, si nos hubieses querido…
Todo se olvida, hasta los motivos. Yo espero olvidar esa sala de embarque, y mi equipaje abandonado, y el dolor, y las lágrimas que no salieron, y la amargura de saber que anoche le dije adios a un desconocido.
Porque los aviones nunca vuelven.

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