31.1.07

No mas lágrimas

Escribo con la tranquilidad que da saber que no vas a leerme, que ya no existo, que el pasado queda difuso entre las olas y los días.
Una vez alguien te dijo que pronto todo se convierte en recuerdo, yo digo que incluso algunos recuerdos se convierten en olvido. No sé cual va a ser el caso…
Quedo a la espera. No se si lo mejor que puede pasar es que no pase nada. De momento tengo como un pliegue en el alma, como un escozor, ese que se produce cuando cierras una puerta que no vas a abrir pero aún te quedas un rato detrás escuchando.
Silencios.
Tan solo se lucha por las cosas importantes. Nadie puede fingir suficiente tiempo como para que todo se transforme en la verdad; nadie puede gritar tan alto como para que le oiga todo el mundo.
La carta astral de mi hija advierte de un futuro sufrimiento, yo intento fabricar un abrazo borrador; a ver si así puedo arreglarlo. Cada día soy mas fuerte, aprendo a funcionar sin aquellos besos.

30.1.07

Y finalmente, anoche abandoné la sala de embarque de algún aeropuerto, ese lugar del que nunca antes había logrado salir, ese espacio justo frente a las puertas por las que siempre te fuiste.
Miré tan solo un momento para atrás, dejé el equipaje de tres años olvidado en el suelo, a propósito, para evitar mas peso, me agarré a su mano diminuta, esa que ahora encierra mi corazón, y me marché.
No quise llorar a pesar del dolor y la extrañeza de un parasiempre ya nunca contigo, ya nunca conmigo, ya nunca nosotros.
Me cansé, demasiado y durante demasiado tiempo. Te marchaste y no volviste. Ahora me toca a mi, porque ya no queda ni un solo motivo, ni siquiera los inventados. Si me hubieses querido, aunque hubiese sido tan solo una vez, una fracción de segundo, si nos hubieses querido…
Todo se olvida, hasta los motivos. Yo espero olvidar esa sala de embarque, y mi equipaje abandonado, y el dolor, y las lágrimas que no salieron, y la amargura de saber que anoche le dije adios a un desconocido.
Porque los aviones nunca vuelven.

7.1.07

Año nuevo. Vida nueva

Me siento como el cascarón a punto de romperse y desvelar su preciado secreto. Mi inconsciente parece activarse tan solo para ese momento, y mis impulsos me llevan a preparar el lugar de bienvenida.
Me siento extraña, ajena a todo. Me siento llena de vida y de temores.
Pienso en ti, y lo hago durante poco espacio de tiempo; qué puedo hacer si no puedo hacer nada por ti?
Mi cuerpo se tensa, me siento lista.
Muy pronto mi vida tendrá una nueva protagonista. Se va a llamar Ainhoa. Mi niña. La princesa de las muñecas.