24.1.06

Por primera vez no huye mi cabeza de tu hombro cuando llego con deshoras prendidas con alfileres.
Por primera vez me siento tan dócil como un lobo a la hora de la siesta, y me aparco a un costado de tu piel sin el dolor de meter a presión mis sueños por el ojo de tu cerradura.
Por primera vez comprendo que para andar, el primer paso no es soñar con unos pies.
Por primera vez sé que decir no, no es negarse a la evidencia, ni fingir sombras o destellos.
Por primera vez, señor juez, no tengo mas preguntas.
Por primera vez, siempre tuya tan efímera. Por primera vez nunca ni jamás, aunque sea la última vez de todas las primeras.

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