2.1.06

Mantengase a la espera

Ya no salgo a cazar mariposas, ni cierro las persianas cuando va a apagarse el sol.
Me piden que cambie de estatura, que pique mas alto, que piense despacio, que eche a correr, que me doctore en paciencia, y que ponga de saldo las lágrimas que recaudé un mediodía de otoño que se presentó vagabundo, que me enseñó a mantenerme despierta debajo de los puentes que dan a las aceras.
Ya no me abrigo cuando hablo contigo, con la piel de acero y las ramificaciones de tus cuerdas vocales a flor de vena. Ahora me desnudo sola, y duermo en el centro de una cama vacía, arrojada al vacío de noches sin luna y sueños de insomnio y papel de fumar.
Invento que quiero estar envenenada, aunque me sangren los labios cuando me lanzan besos; y no creo en el diccionario, mejor las interrogaciones y los escalones que las estaciones vacías de noche, que los aviones varados a un lado del continente, que las puertas cerradas de par en par.
Por mucho que llueva no uso paraguas, ni creo en promesas, ni espero sentada, ni uso las gafas de mirar de cerca, prefiero el tacto de esta fingida ceguera que invita a las puntas de mis dedos a mirar de soslayo lo que no puedo alcanzar.
Puede que no exista el abrigo que me quite el frío, y que mis cuerdas vocales estén mal templadas para decir las palabras que quieres escuchar; que mi cabeza no quiera entender lo que dices cuando todo lo dices, por miedo a crear esperanzas que se evaporen al llegar el hielo; que vuelva por donde vine, cansada de pisar mis pasos; pero sé que este callejón está preparando una salida.
Ningún lunes es capaz de durar una semana, tengo un sábado a la tarde para compartir.

No hay comentarios: