29.1.06

Aqui todo bien, afuera llueve.

Me mantengo en la sombra, con una sola pregunta enganchada a los labios, como el anzuelo en la boca del pez. Aún no te diré nada que pueda revelarme.
Me alimento de observar, pero he perdido la facultad de sacar conclusiones. La cabeza no me gira en torno a nada, ni la nada me lame la suela de los zapatos; estoy en calma, en la cama, en la almena de observar el suelo abierto bajo los minutos que se deslizan suaves.
No sé confiarme, a eso tendrás que ayudarme, si es que quieres. De momento cada “puedo” que me abres dándome licencia para entrar, es el “quiero” que doy por bueno y no definitivo.
Temo a la marcha atrás de tus besos, y al freno de mano de mi corazón, a deslizarme por caminos cerrados para mi.
Me siento enredada en terciopelo, con las manos llenas de imanes, con un nombre escrito en el alma que no quiero susurrar.
Quiero arder, poder quedarme a tu lado. No quiero arder, soy una hoguera silenciada.

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