De nuevo me despierto, sobresaltada, para comprobar que no estás.
No estoy triste, no te preocupes. Es sólo este vacío que me llena de silencio. A veces las manos me duelen un poquito porque no puedo acariciarte; se me quedan frías y tirito. Tu ya lo sabes, es esta piel de hielo que no puedo evitar que se me quiebre; yo sola no consigo entrar en calor.
No te voy a engañar. A veces me asusto porque no logro ver la puerta de salida, y cada cosa está impregnada de tu nombre, y yo no sé qué hacer, y el reloj parado, y la habitación a oscuras.
A veces me decido a olvidarte, y pienso en cosas feas, en filos de cuchillo, en momentos sangrantes; pero sin ti no soy yo, y no se me ocurre otro modo de sobrevivirme.
Y hay días, amor, que simplemente duele. Duele el corazón, la barriga, la piel, los ojos, los labios; las muñecas dan punzadas, se me corta la respiración, se me quiebran las yemas de los dedos.
Es, mi vida, este desamor, que me tiene vacía y congelada; que me mantiene fea y rota. Es este sentirme amputada.
Es este estar sin ti que me secuestra las horas. es tan solo el cansancio de cargar con mi cadáver, y tener que sonreír, y jugar a que no sucede nada. Y esperar que a ti te importe, y soñar que quieres abrazarme… Aunque solo fuera un momento, aunque solo fuera esta noche en que estoy rota, esta noche que tengo frío.
Otra noche más, amor mío.