24.11.05

No lloraste, es más, parecía que estábamos contando chistes.
-Tengo una sorpresa- transformaste tu historia en un trocito microscópico de palabras, terminaste diciendo que ya tocaba que te dieran un palo, y nos echamos a reír.
Hace poco un chico cayó al suelo, recibió un gran golpe, se levantó y se rió; después una hemorragia interna le mató sin que nadie se diera cuenta.
Puede que hubiera sido mejor si hubieses vomitado, porque al día siguiente tenías sangre en los ojos y no se te daba bien encender luces; así que te paseaste cerca de mí casi a oscuras y sin abrir la boca. Nunca ha sido fácil apostar fuerte y perderlo todo, sobre todo si estás de puntillas; nunca ha sido nuestro fuerte dejar cosas atrás, y tu ahora lo has hecho y te has quedado un poco sola, así que será mejor que no contemos más chistes.

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