1.11.05

Dos años despues

Apenas nada cambia.

Él es un caramelo, un cuchillo con dos filos, un constructor de palabras que teje sensaciones con sabor a final de madrugada. Es un amanecer desnudo a la orilla del mar, salado, luminoso, sensual.
Describe telas de araña que atrapan tus ojos; cuando miras una vez ya no puedes despegarte sus frases del fondo del alma.
Él es un caminante que a veces anda de puntillas y otras corre tan deprisa que lo ves desaparecer. Es un mago que pinta ases para esconder en su manga, un Ícaro con un ala rota, un niño con patines dorados al que le gusta pescar estrellas escondidas bajo las sábanas. Se oculta y te confunde con su esencia de acertijo sin respuesta, sorprendente como un viento que te espera a la vuelta de una esquina.
Como un arma cargada dispara frases, acuchillando el silencio con el filo de su voz. Como un gato en una cornisa se bebe los días, y siempre quiere más, y siempre mas deprisa, es por eso que a veces se le secan los ojos y el tiempo y la ciudad le amordazan y le atan a la pata de una silla. Luego se libera y vuelve a intentar volar, su mente es una llave que abre las esposas que a días abrazan sus muñecas.
Le gusta naufragar y romper la noche sobre el cuerpo de una mujer desnuda, le gusta ser muy bueno y le gusta ser muy malo. Tiene una espina de lava volcánica, nieve y olas de mar clavada en el alma, y no se la sabe arrancar.
A veces le quiero, y a veces le odio; quizás nunca me regale la luz del día reflejada en sus pupilas, pero siempre siempre me sentaré a escuchar sus palabras de melocotón y galleta; y a preguntarme quién es, porque nunca, nadie, sabe qué lado del calidoscopio hay detrás del siguiente giro, qué puerta esconde el centro del laberinto.
Él es la respuesta a una pregunta cambiante, una deriva, un vuelo de cometa, es insomnio y terremoto, es silencio y gritos desgarrados, es el mismo centro del olvido, es la cola de la onda expansiva de un cometa incendiado.
Él conoce todas las respuestas, pero no quiere saberlo…Le asusta ser feliz, le asusta diluirse como el azúcar lo hace en un bizcocho.
O no... quién puede saberlo.

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