31.10.05

REC

A veces lo olvido todo, olvido hasta mi nombre, hasta cómo atarme los cordones de las botas, pero no se me olvida cuando te abrazaba.

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Él me escribía cartas chiquitas e íntimas, como besos a la luz de una vela, como caricias bajo las sabanas. Él me quería querer, él proyectaba futuro sobre mi nombre. Él escribía diciendo su deseo.
Después llegó, y todo lo demás…

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