28.8.05

Algunos días, no voy a engañarte son un infierno, no sucede nada, pero las cosas están pasando demasiado deprisa; cada día es una montaña rusa y no me puedo bajar. Si vinieras por aquí todo te iba a parecer nuevo. Y en este estado de cosas, con todo girando a gran velocidad, hay días en que todo se vuelve demasiado complicado y necesito las cosas que se me han ido perdiendo en este ir y venir; no las encuentro y se me acaban las fuerzas. Es entonces cuando te necesito como nunca; si, ya sé que es absurdo, pero no he perdido la costumbre de contar contigo como si estuvieses. No estás, y el ángel del silencio vuelve a agarrarme por el pelo y me arrastra unos metros por el suelo, me muestra mi fecha de caducidad.
Otros días, me pongo las botas nuevas y camino despacito. No te busco, no camino detrás de ti; camino. Si no respondes mis botas darán por sentado que no quieres saber de mi. Me marcharé, porque ellas solo saben de caminar y escapar de ese ángel que me arrastra por el suelo cada vez que me paro a esperar.

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