15.5.05

V. pienso en V. mientras miro al techo. Últimamente los días son V, como cuando solo deseas comer una cosa; y cuando piensas en un sabor, en un olor, tan sólo te viene a la cabeza eso que deseas… Pienso en V, y también pienso en lo que tengo y en aquello que podría no tener. No tengo tantas cosas, al menos tantas cosas imprescindibles; un par de libros o tres, un pato de peluche con bufanda, una muñeca desnuda, tres pinceles (uno finito y dos especiales para caligrafía japonesa), un cascabel y un imperdible.
Siempre pierdo los imperdibles. Los he tenido de todos los tamaños, desde los mas chiquitos, esos dorados que te dan en los costureros de los hoteles y que no sirven ni para prender un papel de fumar, hasta uno azul gigante que me servía de columpio, todos los perdí, y aún tengo unos cuantos que perder. Quizás sea una señal. No debo ser buena reteniendo cosas, no debo ser buena guardando para el futuro. V. se irá, pero él parece que no se pierde, solo corre.
Los cascabeles también son importantes, me ayudan a escucharme cuando se me olvida que aún sigo aquí; siempre son de ayuda; si me vuelvo invisible al menos su tintineo sirve de referencia, como un faro en la niebla, evitando derivas. Si me olvido de que sigo en movimiento ellos vienen a sacarme de la duda, como una referencia, casi como una brújula, aunque ese es otro tema, nunca me entendí con las brújulas, mis puntos cardinales nunca coinciden, tiendo a los cruces y a desorientarme con facilidad, a veces descubro que miro al sur, y siempre siempre, me parece el norte…

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