23.5.05

Algunas veces no lo puedo evitar y vuelvo a salir a la calle con mi cadáver a cuestas, disimulando, para que no se note, como el cordero que consiguió por fin la piel del lobo.
Algunas veces las cajas con sorpresa llegan vacías, y los aviones se quedan suspendidos en el aire, como no queriendo llegar a su destino.
Algunas veces te miro y no puedo verte, y trato de sumar todas las restas con la esperanza de que, como en clase de matemáticas, negativo mas negativo den positivo.
Quisiera poder preguntar, o mejor aún, quisiera no tener ninguna interrogación pintada en las paredes, y no pensar en el número tres, que es un número feo.
Nunca quise ser como otra, pero cuánto deseé ser otra. No es que ser otra sea mejor que ser yo, o incluso mejor que no ser nada; pero al menos ella está viva, yo no lo sé.
Con esto no es que quiera decir nada, ni siquiera es que quiera decirte nada. Es tan solo que desde la ventana las farolas parecen jugadores de baloncesto muy tristes, con sus cabezas gachas, siempre mirando al suelo, y los pájaros a ciertas horas resultan ser murciélagos, y nada es lo que parece.

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