4.12.04

PESADILLA 13: DESATRES COTIDIANOS

Estoy podrida, desolada, destruida, llena de moho. Estoy hecha de hierro, de vidrios rotos, de huecos, de muros desgastados, de metal corroído. Voy rechinando los dientes en la madrugada, gritando incongruencias a la luna.
Soy un reloj de cuco que sólo sabe decir si-no si-no, cada hora en punto, cada media hora, cada minuto exacto.

Sé que quieres matarme, sacarme de tu línea de horizonte. Y yo te guardo el secreto, endurecida y empequeñecida. Para qué el orgullo. Mejor la ceguera.
Y así voy asesinándome, borrándome la sonrisa a fuerza de golpes en el alma, de arañazos en el corazón.

Luego llegas; y me reblandezco, me licuo, me endulzo y caigo a tus pies. Otra vez más.

Después te vas, como siempre; te vas como si no hubieses venido. Vacío de mí, limpio de mis manos, con el deseo de no recordar mi nombre. Como siempre te vas y me asesinas; o me muero, o me destroza tu ausencia. Y me disgrego por la habitación a oscuras; aunque sea de día siempre la habitación está a oscuras, y es la misma punzada en el corazón, las mismas puntas de alfiler en las muñecas, el mismo nudo en la garganta.

Unas horas después me “recompongo” y me derramo por los ojos hasta agotarme y, por fin, caigo dormida y olvido que vivo una pesadilla.

Pasa un rato y despierto hecha de hierro, de vidrios rotos, de huecos, de muros desgastados, de metal corroído, podrida, desolada, destruida, derruida, llena de moho.
Y de nuevo a caminar. Porque todo sigue.

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