27.12.04

Me gana el cansancio de despertar prendida en el vacío, me ganan los huecos y el insomnio.
Si, me siento cansada de mendigar besos empañados, de fabricar roces, de pensar que aún no te has ido, de inventar el olvido de tu desgana y tu deseo, de tejer telas de araña que me aten en falso a VOS.
Estoy agotada por este no saber qué hacer, por este no tener a dónde ir, por este demasiado lejos, por este día a día contaminado por tu recuerdo.
Estoy cansada, sin fuerzas para luchar contra tu sombra que pasea libremente por cada rincón, por cada esquina, por cada movimiento.
Estoy muerta, mi amor; sola y asustada; doblegada ante el peso de las horas que transcurren al margen de esta parálisis que me tiene atada a tu nombre y a tu olor. Estoy triste y muda, sin nada que ver, sin nada que decir tras esta mordaza que tus labios posaron en los míos un segundo antes de que alzaras el vuelo.
Estoy como invisible, como mecánica, como movida por la inercia de los días ajenos y monótonos. Mi vida, estoy envenenada como cada minuto, como cada calle, como cada acto cotidiano. Amputada de ti, con las manos vacías, con el pecho abierto, con el vientre seco.
Estoy, amor, esperando tu llamada para tener un nombre, para tener sentido, para ser.
Estoy cansada, estoy para ti aunque pueda carecer de todo sentido.

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