12.10.04

Yo no lo sé. Y me digo que no hay problema, que cada cosa está en su sitio. Pero creo en el desorden y no termino de convencerme.
Hablamos.
Él dice que soy buena. No sé si eso será malo.
Hablamos.
Él dice que lo bueno me será devuelto y que los malos pagarán por las maldades.
Yo me callo. Casi siempre me callo. Aunque a veces digo cosas, y ahora le digo que los buenos pierden y los malos se ríen.
A veces le miro y me tiembla el suelo.
Pienso en si haré bien en regalar un mapa de algún lugar a aquella chica. No estoy segura, incluso a veces no quiero regalarle nada. Pero luego recuerdo que él está triste y que yo tengo el corazón roto. Mejor el regalo, quizás pueda arreglar algo, aunque otras cosas se rompan. A veces hay que cerrar los ojos. Lo malo es que también tiemblo con los ojos cerrados.
Se hace de día. El sonríe. O mejor dicho, se hace de día cuando el sonríe. Pero creo que no le da importancia, o que quiere olvidar algunas cosas.
Cuando pienso en aquella chica se me abren agujeros en el suelo.
Cuando él piensa en aquella chica los puentes se caen.
En mi sillón amarillo algunas noches se abre un agujero que está lleno de pensamientos. En mi sillón amarillo las noches pasan a oscuras, de puntillas.
No quiero pensar. Quiero una muñeca de olvido para jugar cuando me encuentre decapitada.
Los aviones vuelan deprisa. Los días a oscuras pasan despacio.
Ahora todo está bien. El futuro lo desconozco.
Aquella chica no sabe mi nombre. Él tiene una cabeza que da vueltas por entre las flores de mi terraza.
Ahora todo está bien.
Quiero dormir. Mejor si puede ser a tu lado. Quiero sentir tu calor, para guardarlo por si llega el frío.

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