26.3.04

Te voy a contar un secreto, un cuento. Te lo cuento porque hoy me siento anciana y cansada.
Te contaré que tengo un demonio que me está comiendo, derribando. Mi demonio se ha comido una niña que tenía adentro, se ha comido mi corazón y algunas palabras cubiertas de caramelo. A veces me chorrea por los ojos y por el pelo, es entonces cuando puedo controlarlo; pero la mayor parte del tiempo parece dormido, y resulta imposible saber cuando va a saltar, y siempre termina por saltar.
Mi demonio de llama Febe, y nació en San Salvador, se alimentó de pupusas, de tamales, de cielos malva, de palabras de amor y de distancia. Después se ha ido haciendo grande siempre alimentado por el océano. Mi demonio se hizo mayor, aprendió de la mano de un hombre que cantaba; se volvió huidizo, desconfiado, siempre a la defensiva. Aprendió mi demonio a construir muros de acero y sospechas, a fabricarme sombras bajo los ojos a base de insomnios, y se apoderó de todo el agua de mar que le cabía en los bolsillos.
Ahora cada día me susurra mas cosas al oído, y no me deja olvidar.
Mi demonio me quiere para él solo. Mientras yo, intento salvar a la niña que resolvía acertijos. Mientras yo arrastro los pies, cansada de hacerme daño, de sentirme culpable, de desconfiar, de correr, de esconderme.
No sé si en esto vas a poder ayudarme, no sé si vas a querer... es por eso que te cuento mi secreto. Por eso y porque tengo miedo a que me olvides...

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