25.2.04

Miro a mi alrededor y descubro que nada queda. Perdí la guerra y soy la única superviviente en un lugar desolado. Quizás sobrevivir ya sea una victoria, pero la soledad ataca creando punzadas en mis muñecas como nudos de soga.
De lo que hubo nada queda, tan solo un hueco por donde ver vuelos ajenos.
Necesito una piel para comenzar a moverme. Tengo los brazos anudados y las manos frías.
Contemplo el olvido de Él; que ya no quiere pronunciar mi nombre.
Veo a S en su inercia y su amnesia, evitando rozarme, acercándose apenas a mi superficie.
Veo las deshoras del constructor de palabras y sé que son las horas mas hermosas. No existen otras. Yo enmudezco.
Hay quien vuela y hay quien ama.
Yo sigo aquí a ciegas, tratando de hacer pie, ni fondo ni superficie.
Yo ya lo sabía. No es la distancia lo que nos separa, es la falta de amor. Mi amor lo trato de tragar a mordiscos ásperos y amargos.
Porque aquí no queda nada. Solo el miedo.

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