9.1.04

Cambios

Todas las cosas terminan por cambiar un día u otro, da igual si son buenas o malas, siempre toman otro aspecto, otro camino.
Yo nunca pensé que lo nuestro fuese a reagruparse y a cambiar su estructura. Hasta entonces habíamos sido una estrella de cuatro puntas en cuyo interior se concentraba todo lo bueno y lo malo de cada uno, y se repartía a partes iguales entre los cuatro. Todos éramos para todos, sin asociaciones especiales ni hombros mas disponibles para unas cabezas que para otras. Aún así los cambios esperaban pacientes para saltar, y uno de ellos lo hizo la otra tarde. Por supuesto que algo debía haberse ido gestando por detrás de nosotros, pero lo hizo tan en silencio, que cuando llegó nos sorprendió como el muñeco que salta al abrir la caja sorpresa.
Hacíamos tiempo antes de salir a dar una vuelta; esperábamos a Enrique, que revoloteaba medio desnudo a nuestro alrededor, pegajoso y somnoliento. Frida le seguía el juego tratando de vestirle y él se dejaba hacer.
Lyn y yo charlábamos delante de un par de vasos de licor, lanzando de vez en cuando un “¡Queréis daros prisa!”.
Tras un vaso bebido lentamente, Lyn se levantó decidida.
- voy a ver qué coños pasa.-
Un segundo después escuché al fondo del pasillo
- Seguid haciendo el gilipollas, yo me largo.-
Al entrar de nuevo me miró con las mandíbulas apretadas, como si la hubiese mordido un escorpión.
- Me voy. Si ellos quieren estropear todo, no quiero que sea mi problema. Ya te veré.-
- ¿Qué te ha pasado?-
- Ella le estaba afeitando.-
Me asomé a ver qué pasaba, y comprendí todo. Imagino que a Lyn debió dolerle.
Las cosas pueden tener valores diferentes, y su forma puede cambiarlo todo. Que Frida afeitara a Enrique no tendría que haber supuesto nada; pero el modo en que ella pasaba la cuchilla por su cara, como si pasara la lengua, modificaba la situación.

(Del libro "Pistolas Cargadas". Por Febe)

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