14.12.03

Desde aquí

Llamo, nadie responde. Le llamo, nadie responde.
La distancia hace que todo comience a parecer irreal, guardando cada acontecimiento en una caja de galletas. Vida clasificada, acontecimientos que se suceden con rapidez de tren expreso.
La noche vuelve a ser un lugar peligroso y contraproducente, igual que en el pasado. Soy ella, aquella que me asusta y me gusta, aquella que reía y no te conocía. Aquella bomba de relojería que cantaba canciones tristes bajo las estrellas.
Al final consigo romperme del todo. Tras una gran lluvia interior, lluvia de tequila ardiente bajando en cataratas por mi garganta, los restos de mi corazón estallan. Necesito que me amen, es tan triste y tan punzante que decido que necesito dejar de tener esta necesidad.
Quizás deba pintar mi alma de negro, hacerme mayor. O quizás no debería volver nunca. Nunca.
Después me duermo. Sueño que él me ama; me ama con tanta rabia y tanta fuerza que logra secar todo el atlántico. Aunque parezca imposible.

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