13.10.03

Lunes febril

Despierto desnuda, con las sabanas frías como enredaderas tristes, ocupando el lugar que ocupaba tu piel.
Llora mi tatuaje sin tu boca; aún tengo vivas las heridas producidas al quemarme con tus dedos en las noches alegres de guerra y amor.
Y me siento hecha de cristal resquebrajado, al filo de la rotura. Me volví mortal sin vos; me volví perecedera.
Aún hoy no sé borrar del todo tus huellas, y vuelven los recuerdos de ese modo de amar tuyo, como una caracola, envolviéndome de ti, sin límites entre los dos, difuminados el uno con el otro; cómo olvidar tu silencio, ese que aún hoy me acompaña, ese silencio del que estás hecho.
Quizás te amé demasiado, o puede que nunca se ame demasiado, ni se olvide lo suficiente.

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