1.10.03

El poder del otoño

Hay algunos fantasmas circulando por mi casa, algunos han llegado a mi vida hace poco, otros se acomodaron hace tiempo. Los más temibles son mi ángel de la soledad y el perro; les gustan las noches sin luna, se ríen de mí, me dibujan pesadillas en las horas de sueño, o me mantienen despierta a base de un licor de lágrimas que ellos mismos destilan.
Mi ángel de la soledad tiene un par de alas hipnóticas, no puedes dejar de mirar esas enormes alas negras, brillantes, hermosas. El perro es soez, escupe, araña con sus largas uñas y bebe tequila. A los dos les gusta sorprenderme, asustarme, anclarme a tierra firme y besarme en los labios mientras se ríen.
Los temo.
Pero hoy el otoño me ha regalado una respuesta. La temperatura descendió por un tobogán, y el cielo nos ha estado regalando gotitas de lluvia. Ha llegado el otoño, y como quien abre un baúl lleno de recuerdos, abrí la caja negra donde dormían mis botas; como atraídos por ellas, mis pies saltaron dentro, y se encendió la luz.
Los primeros pasos fueron lentos y silenciosos, después un poco más firmes; el aire se espesó, se tensó como una ballesta; el perro trató de morderme los tobillos, pero estaba demasiado borracho, se tambaleó unos metros y cayó cerca de la punta de mi bota izquierda. Ese fue el preciso momento en que mi ángel de la soledad se puso en pie mirando enfurecido las botas, desplegó las alas y de su garganta salió un silencio terrorífico que envolvió la habitación. Hizo el ademán para lanzarse sobre mí, y fue cuando lo descubrí. Las alas de mi ángel no saben volar, esas enormes alas negras te anclan al suelo, te agarran como una tela de araña al pasado, saben lastrar, pero no son capaces de elevarse ni un milímetro. Salí corriendo, nadie supo seguirme.
Voy a correr, correr por la ciudad, correré por las horas y los segundos, por la noche, por el filo de la madrugada; sé que pasado un tiempo me iré alejando del asfalto, y podré volar como antes hacía.
Te prometo que serás el primero al que se lo cuente; tal vez te lleve a pasear por los tejados.


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