28.9.03

Partido de dobles. Amanecer

El sol rompe la oscuridad. Tras la noche, ella dibuja los primeros trazos de humo; él completa el círculo.

Amanecer por Febe

Pronto el sol lamerá los cristales, atravesará la ventana deslizándose por el suelo; serpiente de luz. Las velas llorosas acompañan el rastro de humo de mi último cigarro.
Suena la música del recuerdo de tu voz, me dejo mecer... sueño, te sueño, te presiento y siento que te espero escondida tras la palabra deseo; con la piel encendida y la luz apagada.
Y ya nada más existe que el licor de tu canción que bebo despacio. Embriagada, tu piel me guía como un faro, transformándome en ola, en espuma. Te busco para ser luz, para incendiar la estancia.
Mi lengua se hace pregunta que busca la respuesta de tu saliva, mi cuerpo busca tus manos, sediento de caricias que arranquen sonidos a la noche. Quiero ser el instrumento de tus horas, las notas que salen del roce ciego de tu cuerpo con el mío.
Mi música se difumina con tu ritmo, y borras mi aliento creando promesas de oleaje. Quiero ser tu casa, mi ombligo te nombra sin palabras, mis pechos le susurran a tus manos caricias de algodón. Camino tu mapa con mis dedos, tensando tus cuerdas, alma de ballesta.
El aire se incendia, se espesa. Y vuelo, vuelo mecida en un columpio de fuego.
Paro el reloj mientras busca mi boca el contorno de tu nuca, mi lengua traza senderos por tu cuello, como notas enlazadas, trazando melodías que buscan tu centro, y ahí me detengo. Ademanes de gata que no pide permiso.

Fotografía de Ben-Arieh

Amanecer por Marcelo Neyra

Arrástrame a la indecencia más pura y bella de tu volcán,
quiero acurrucarme junto a tu sombra y ser parte de tu cuerpo.
En un intento por pertenecer al amanecer
me abalanzo sobre el final de mi canción.
Subo de prisa por el último acorde
y tu voz
se desprende de las cuerdas de mi guitarra,
serpientes de metal que reflejan
la nueva luz sobre el Cádiz,
y ahí me quedo...

Tu cuerpo entero palpita el encuentro,
secuencia que arrastra mi transpiración sobre tu piel,
sabés de la cura y espero tus labios.

Mar que caldea la bruma de lo imposible.
Llego a la próxima estrofa sabiéndome entre tus piernas.
Tu movimientos suaves, intensos, rizan mi cuerpo al borde...
Arde mi alma.
Laceración que calma el ansia.

Levito.
Tu lengua es el acertijo,
mi boca la respuesta,
tus senos el momento.
Encanto de tu sabor más dulce
que exalta el camino hacia un valle de néctar.
Oasis en la tormenta
que persigo con mis labios,
sin olvidar cada extracto de tu piel de arena.

Una vez halado,
cada gota de sudor,
es el jugo de tu cuerpo
que bebo en cada contorno.
No hay prisa y afuera,
el sol cómplice,
demora la mañana.

Ya soy parte de tu cuerpo,
ninguna seda fue más suave.
Intento quedarme con todo,
para luego devolvértelo,
y así volver a empezar...

Racimos de brazas que desatan tu volcán,
licor de tu sexo que me embriaga.
Y ahí me quedo,
junto a tu silencio,
en el humo de tu cigarrillo.

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