27.9.03

El ángel del silencio

He conocido a un ángel, llegó como una caja sorpresa, y no puedo deciros si yo le buscaba a él o él me encontró cuando yo no miraba.
Mi ángel es el ángel del silencio. Mi ángel es libre porque sus pensamientos no le pertenecen a nadie, y se asienta en la rutina porque no le da miedo volar.
No corre mi ángel; se queda mirando, callado, y su silencio te atrapa, te hace hablar y así se apodera de tu historia, conociéndola cada vez mas, reteniendo tu esencia y haciéndose mas misterioso y desconocido. Una interrogación. Teje espadas con tus sueños, tu pasado y tu presente; por eso es poderoso.
Es un niño que todo lo ha visto y todo lo ha oído; conoce todas las adivinanzas, todas las respuestas y los trucos de magia; lleva un as escondido en la manga y a veces me deja verlo. Me pinta sonrisas, me rompe y me arregla.
Mi ángel tiene un poso de tristeza. Al fondo de sus ojos, si te fijas, puedes ver una semilla de agua de lluvia. Yo imagino que su historia quedo anclada en el pasado, e imagino que alguien vino a encadenarle las alas y le produjo un infinito dolor. Por eso miente; finge ser impasible estatua, protegido por un cristal antibalas; como si nada le tocara y nada le afectara. Pero algunas veces una tormenta se apodera de él. Algunas veces todas las palabras no dichas, todas las caricias atadas, todos los sentimientos escondidos se escapan de su caja de pandora y le tiñen las alas de negro, le encierran bajo siete llaves. Entonces desaparece, y aunque estés a su lado no le puedes tocar, y si le hablas tus palabras no llegan a colgarse de sus oídos. Está perdido, tan lejos como nadie pueda imaginar.
Cuando llega la tormenta me siento a mirarlo; y si me quedo en silencio puedo oír un canto de sirena, oscuro, triste, hipnótico; y si le miro a los ojos puedo sentir cuanta agua salada lleva escondida en el corazón.
Algunas veces le odio, algunas veces le quiero, algunas veces le temo, pero me gusta dejarme acompañar por mi ángel y, en silencio, albergo el secreto deseo de que alguna vez me roce con sus alas y él también se alegre de tener mi desterrada compañía.

* Al amigo que perdí.

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