30.9.03

Derivas

Como viajeros de diferentes trenes, que a veces se cruzan y alcanzan a saludarse, como caminos que buscan un cruce, como el momento en el que despiertas y sabes que soñaste, justo el segundo antes de que el sueño se esfume.
A veces pienso en ti en pasado, como si fueras un recuerdo; a veces como una intuición o una promesa que aún está por llegar. Y es que tu y yo nos conjugamos en tiempos distintos; sin apenas ahora. Cuando llegas a mi presente para ti ya es futuro, y yo me acerco al futuro de tus pupilas desde el pasado fugaz.
Cuando tenemos un pequeño ahora no puedo decirte qué pasa. Fuera es como un pétalo que cae a cámara lenta, como el tiempo detenido bajo una campana de cristal; mientras en mi interior se desata la urgencia de absorberte, respirarte, masticarte, atraparte. Tras la coincidencia, continuamos nuestras órbitas, cada uno despedido en su propia dirección.
Hoy quise imaginarte a mi lado, pero no supe. Llovió en la ciudad y mis botas salieron alegres a salpicarse de asfalto. Solo supieron preguntarse cómo sonaría la lluvia agarrándose al bajo de tus pantalones.
Volví a casa con lluvia por todos los rincones, dejando el rastro de gotas por el pasillo, con el pelo más largo y menos sediento.
Traté de contártelo, pero no supe.
Espero un nuevo cruce de caminos; puede que aún me queden restos de esta tarde y tu puedas comprenderlos.
Hoy ha llovido y me he sentido bien tratando de sumar mi día lluvioso a tu primavera. Aunque no lo haya logrado, porque tu y yo nos conjugamos en tiempos distintos.

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