12.9.03

Como dos náufragos

Ven esta noche, entra y déjame entrar, cierra la puerta tras tu espalda y ya no recuerdes el camino de regreso. Cuelga el reloj y las brújulas, enciende las velas, y déjame conocer toda tu historia. Quiero descubrirla poco a poco, que cada parte de ti me la vaya relatando. Perderme entre la maraña de tu pelo, besar la curva de tu nuca, tu cuello, como queriendo oir lo que piensas, lo que escuchas. Sabré de palabras que inventaste, cómo dijiste otros te quiero; tu lengua acariciando la mí­a me lo contará, me lo dirá tu saliva, tus labios entre mis dientes.
Me quedaré un rato en tu pecho que hablará de luchas y peleas, de golpes, de sentimientos; bajo mi piel, cuando lo saboree y le dibuje interrogaciones, él sabrá decirme las cosas que no dices con palabras.
Tus piernas y tus brazos me hablarán de revoluciones, de abrazos, de canciones.
Voy a leerte como los ciegos, pasándote la punta de los dedos por cada recodo; te caminaré como los caracoles, con mi rastro de saliva; como mecha, encendiendo cada pequeño fueguito que te arda. Y así­ hasta que te respire y tu seas viento y oleaje, y me golpees los sentidos con la fuerza de la marea, inundándome de olas. Hasta que quedemos en silencio, enredados, como dos náufragos sorprendidos después de la tormenta.


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