10.8.03

Recuerdo

No sé porqué hoy me he acordado de él. No hace ni mucho ni poco que nos separamos, pero a veces creo que han pasado cien años desde que comenzó a olvidarme. Otras veces se me olvida que ya no nos queremos y un “mi amor” se me queda prendido de la lengua como quien se queda frenado en seco al borde de un acantilado.
Hoy me acordé de él. Y recordé que tenía un cuerpo enorme y nervioso de piel de caña de azúcar, recordé sus manos grandes, ásperas, hechas de tierra; sus pies hechos de camino, su pelo negro, sus palabras acertadas y su risa de niño sin maldad.
No se porqué fue que recordé su boca y su lengua, hechas de tamal y agua, sus besos grandes, sus besos diminutos como de artesano. Me besaba con cuidado acariciando mis labios, como dándome de beber, con los ojos entornados, esos ojos de gato que nunca cerraba.
De pronto recordé el miedo que daban esos besos de manantial, y su cuerpo enorme sobre el mío, su piel de miel acariciando la mía. Qué miedo daban sus palabras, sus razones, su modo de querer. Qué miedo daba no tener todo aquello; y ya ves, perdí un trocito en el intento pero continúo caminando, sin tus besos chiquitos. Ya te puedo recordar sin sentir ese miedo a no tenerte más.
Tal vez me haya curado.

No hay comentarios: