14.8.03

Quiero volver a casa

Una vez escribiste: “Cuando nuestros nombres dejen de ser recordados, dejen de ser repetidos, entonces ya no habrá nada entre nosotros.” Es por eso que mi boca es la copa que contiene tu nombre, liberándolo en voz baja, recordándolo, reconstruyéndolo, pronunciándolo como si fuera la primera vez. Y creo que pronto tendré que dejar de hacerlo, porque tu nombre me sangra y me borra, como el camino que desaparece bajo la nevada.
Y yo, mi amor, necesito volver a casa, encontrarme, recuperar la mirada.
Quiero volver a casa.
Quiero sentir la sensación de haber llegado, de que ya no hay que correr ni esconderse.
Quiero llegar a casa de nuevo, arroparme entre unos brazos, respirar un aliento. Y no es que te extrañe. Es mas difícil; me extraño. Extraño mi mano derecha que te acariciaba, arraigada en tu piel como la primavera arraiga en los bosques; extraño mis ojos al anochecer, colgando de la línea del horizonte esperando verte llegar sudoroso y alegre; extraño mi pelo, enredado en tus dedos como una madeja de hilos.
Me extraño. Noto mi ausencia hasta cuando me duermo, con las farolas pegadas a la piel, alumbrando los retazos cansados que escondo entre las sábanas. Es esta ausencia mía que cuando regreso parece que me estoy marchando; olvido encender la luz y a cada paso me duermo. Es la droga, dormir para no sentir que no estoy, que aún no he llegado, que la casa está vacía e incompleta.
No es que me faltes, amor; es que me falto, que me he perdido, que estoy lejos, en algún lugar dibujando nubes y susurrando tu nombre.

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