12.8.03

Palabras

Aprender, una sorpresa como una mariposa saliendo de un ovillo de seda. Aprender. Como hoy aprendí.
Aprender que las palabras no valen, que son un amante infiel y traicionero, y a pesar de que yo las ame ellas me barrerán en el olvido, me borraran como el tiempo borra los colores, se reirán de mi. Así como tu me has amado, acariciando mis oídos con grandes palabras, palabras enormes como torres, como trasatlánticos, como continentes; palabras grandiosas como palacios milenarios, palabras brillantes como el sol estallando en la línea del horizonte. Pero tu amor era un amor de palabras, un amor hueco, un amor de decorado de teatro; ese amor tan grande, qué pequeño, amor.
Porque hoy comprendí que decir te amo es lo mismo que decir manantial, no por nombrarlo apagarás tu sed; decir “vivo en ti” es como decir alas, no por eso te elevarás del suelo. No conocí a nadie que por decir muerte cayera fulminado como un árbol talado; no creo que exista la palabra que me quite el hambre o que acabe con el frío cuando nieva en la ciudad.
Dices muy bien el amor, pero sólo son palabras que caen como cae el telón en los teatros, y entonces queda el silencio, y tras el silencio la vida; es entonces cuando hay que hacer.
Te voy a hacer el amor de un modo en que nadie te lo hizo antes; te voy a hacer el amor con silencio, te lo haré olvidándote cada día un poco, borrando tu nombre de mi lengua, no recordaré a qué saben tus dedos o tu aliento. Te voy a hacer tanto el amor que llegará un momento en que no recuerde quien eres, igual que los muertos olvidan sus nombres. Entonces tus palabras no podrán tocarme y comenzarás a vivir, lo prometo, a respirar sin decir aire, a dolerte, sin decir herida, a llorar sin decir lágrima, a sentir la música sin tener que cantarla. Vas a vivir, vas a hacerlo cada día; mudo y sorprendido.


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