14.8.03

De cómo olvidarte

Dame dos semanas, amor, y terminaré con este invierno; dejaré paso al otoño; todas las estaciones cambiadas de sitio en mi año.
Espero que el invierno pueda ser corto, diez o quince días a lo sumo.
Para lograrlo debo guardar en pequeñas cajitas doradas todo este hielo que me cubre, y los copos de nieve hechos de frasecitas y palabras como “amor de mi vida”, “buenas noches”, “saxofón” o “tango”. Secaré la lluvia que sale de mis ojos y me moja el vestido encharcándome las rodillas. Con un cazamariposas iré apartando las nubes de tormenta de tu voz y tus brazos. Me mudaré a un faro para compensar los días oscuros, y talaré los árboles de ternura y admiración que dejaste crecer delante de mi casa.
Entonces comenzare a deshelarme, alimentaré mis dudas, daré de comer a tu silencio, inventaré tus defectos hasta creérmelos igual que se cree en las hadas; pintaré las paredes con todas las fechas que tejen tu huida. Y comenzaré a odiarte amor.
Tendré que quererte tan poco que las flores se marchiten a mi paso y los niños lloren asustados. Te amaré tan poquito, amor, que las palomas huirán de las ciudades, y los perros aullarán inquietos por las noches.
Voy a tener que odiarte, mi amor, con toda mi tristeza, para poder acabar con este invierno que me está partiendo los huesos; tan hecho como está del material de tu olvido.
Entonces me sentaré tranquila, limpia de ti, vacía, sin tu peso sobre mi alma, a recibir el otoño. Veré caer inmóvil, libre de ti, las hojas del calendario.

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