4.8.03

Día de perros

Ecuación errónea, no salen las cuentas. La rabia de bala sin control se apodera de mi interior y me obliga a masticar truenos.
No salen las cuentas. Aparece EL; máximo exponente y después de multiplicar mi velocidad por mil, me corta el combustible, y ¡zas! Parada en seco. EL siempre es mas, yo reiteradamente menos.
Y a eso le sumamos las cero noticias de Hu, y mi cerebro cantando la canción de “podemos aprender a vivir sin él”, mientras mi cuerpo grita por los poros su urgencia.
Siguen restando y dividiendo el cazador de imágenes y S. Uno simplemente se puso unas gafas que levantan muros, me volvió invisible; el otro llega tratando de arañar mi corazón con su sonrisa, toma lo que quiere de mi vida y se evapora; es una nube de tormenta, rápida y eficaz.
El diablo amenaza y se acerca a mi casa, me ofrece bombones envenenados tratando que los coma a la fuerza, así que me veo obligada a calzarme las botas y correr, correr...
Hoy nada me cuadra, todo desencaja a la perfección.
Así que “el perro” vuelve a acomodarse a los pies de mi cama, bebe tequila, me agarra por la nuca, me lame los labios y después se ríe de mi sombra.

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