27.7.03

Mi vida

Tengo una vida provisional, como de cuarto de hotel. Con la cama bien hecha, hasta cuando las sábanas se arremolinan después de una noche antropófaga de sábado; con cada cosa en su sitio, con las ventanas cerradas y burbuja de aire acondicionado, con las flores en su florero, las palabras agarradas a un cuaderno, la luz prendida hasta de noche.
Y es que desde que te conozco tengo una vida provisional, como de vagón de tren. Con silencios de viajes, con los asientos bien rectos y los paisajes corriendo frente a mi ventana inmóvil.
Así que vas a tener que venir a rescatarme, a asentar mi vida para después derribarla con un terremoto. Vas a tener que venir a poner las sábanas en el suelo, las flores en mi pelo, a abrir las ventanas, a liberar las palabras hasta que salgan volando, los cuadros se transformen en besos y mi ombligo sonría satisfecho. Tendrás que venir a parar los paisajes, para que crezcan jazmines en la ventana; a tirar los asientos por los espejos y a gastar horas triunfadoras.
Porque sin vos pintado en mi piel, mi vida es de a temporadas, y creo ser una mariposa a punto de quemarse un ala con el calor de una bombilla.

A Hu, el único que no me escuchó en el silencio de la noche. Pero pronto...


Lo peor. (De "Otros lugares")

Lo peor de todo, es que ya no tenemos nada que decir. Y aún no sé muy bien si se nos gastaron las palabras, se nos fueron arrugando y volviéndose vulgares igual que un vestido que te has puesto mil veces; o por el contrario las palabras se han ido escondiendo en una cajita de oro, tan preciadas, que ni enseñárnoslas queremos.

Sea como sea, lo peor de todo es no tener nada que decir. Estar esperando a que aparezcas y pidiendo que no llegues para así no tener que decir nada.

Aunque casi lo peor es no creerte. Que tejas palabras para construir promesas o aliento de flores, y a mi me parezca que hay un lobo escondido. Si, eso es lo peor, sentir que cuando hablas, cuando me hablas, sólo lanzas los tesoros escogidos que sabes que quiero escuchar.

Y lo peor es este temor a que mis temores tengan fundamento; y lo que de momento parece un día nublado, se transforme en una noche de tormenta.

¿Y sabes lo peor? Que no hay nada peor que no estar contigo, y no sentir tus palabras, y no quedarme en silencio y no dudar de mis dudas. Eso es lo peor, que no conozco nada peor que cuando te vuelves invisible y yo me quedo esperando. Aunque no tengamos nada que decir.


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